SOLO LAS PALABRAS QUE MERECEN EXISTIR, SON LAS PALABRAS MEJORES QUE EL SILENCIO.

martes, 26 de julio de 2011

Vivir sin mi

Si pudiera lamer la lluvia
Que galopa sobre la ventana
Si pudiera mirar la espesura
De la noche
Con ojos que ya no ven
Si pudiera decir si; no; tal vez
Huir del vórtice de realidad
Que esculpe mi ser
Si pudiera levantarte
Duro metal que pesa en mis manos
Si pudiera traspasar el último peldaño
Si pudiera moldear “la angustia
Que arranca la vida”, Antonin
Si pudiera asirme de las manos
Que cortaron tu oreja, Vincent
Si pudiera dejar de doler
El dolor
Que lacera mi carne
Si pudiera amar o no amar
Sin importar el resultado
Si pudiera vaciar mis cuencas
En esta madrugada brutal
Sin lunas ni sentencias
Mientras la sangre fluye
Como un torrente hacia la nada
Si pudiera vivir sin mí.

Amd.

jueves, 21 de julio de 2011


ningún poeta supo de finales felices, pues de ellos no deviene la creación literaria, 
sino de ese instante que actúa como una cesura, entre dos hemistiquios, 
el instante del rompimiento de la voluntad, que es trágico aunque efímero, 
es allí justamente donde toda creación poética, es posible

viernes, 1 de julio de 2011

TABACO

Consumirme. Penetrando el instante

en que el silencio ahogaba mi cuerpo.

Dibujarme. Recortada en la penumbra

de los espacios tumultuosos del pasado.

Paseantes de la intimidad que coronó

un tiempo de viajes juveniles,

y un tren que vagaba en las salinas,

blanca marea de reflejos ondulantes,

cuando era otra, otra mi silente tristeza,

otra, la llama que abrasaba el  lento

transcurrir de las horas, en el sopor

de la aridez  santiagueña, y las vías,

quejumbrosas, que acompañaban

el murmullo en ciernes de la tarde,

presa de la ansiedad que a ti me unía.

Convertida en tu esclava, en el deseo

del sabor, que quebró mi voluntad,

voluntarioso el afán de poseerme,

robándome el suspiro del aire,

que mecía los segundos a la espera

del latigazo ardiente, que fundía

mi cuerpo en el miedo por perderte.

Perderme era, el fin primero,

hundirme en tu cama sin sosiego

y verme consumida de impaciencia,

en la búsqueda anhelosa del amante

que seducía mis entrañas, poseyendo

las fibras sumisas de mi instinto,

laberinto de sangre que fluía

desde mi boca hasta la orilla

del éxtasis, ibas corrompiendo

la suavidad de mi piel, entregada

al placer de tu dominio. Dulce,

amante de mis noches impacientes. Cruel,

compañero de mis horas solitarias.

Embriagados, caminamos en la niebla,

que el poniente marchitaba, en los senderos

de las vidas que viví inútilmente.

¡Déjame!. Descorre el velo de muerte

que me asola, y quiebra la línea vertical

de mi cuerpo,  ya viciado.

Libérame del deseo, amor amante,

¡ámame!, como nunca me has amado,

para dejar de ser quien soy, ¡déjame!.

Desteje las amarras que nos unen,

para ser sin ti, aquella que alguna vez,

en la inocencia primera, sin quebrantos,

logró mirar sin nieblas, los ocasos…

A.M.D.


Mujer que mira a una mujer que mira

Con el leve trazo de tu dedo

descorres las cortinas de mi sueño

tras la turbia empañadura del espejo

velado por el devenir del tiempo.

Desde donde miras

existe una distancia que se mide

por el aletear de un ave

entre nido y nido,

de un arrullo al otro

se extinguen lentamente

las notas del silencio.

Cada mañana

se enciende el día

entre dos ventanas

mientras

un esbozo de luz

ilumina las sonrisas,

augurando el asombro,

a las nueve en punto.

Para descubrirte

y descubrirnos,

conjeturarnos, en la intimidad

de la cotidianidad horaria

que nos menciona,

sin nombrarnos.

A.M.D 

Esa, que nos habita

Poesía que quiebra, deshace, destrona,

emerge y sumerge en la imposibilidad de la palabra,

en el silencio que nos habita,

nombrando lo imposible...

lunes, 13 de junio de 2011

"La prostituta"

De ella aprendí el aciago significado de la vida,
la lágrima furtiva que rueda en la espesura del olvido,
la soledad poblando el abismo del tiempo
la noche que hace vibrar el viento en su lamento.
Gira su nombre en un ramaje de ensueño,
ella está ahí, mirando el hueco vacío
que dejó el encanto de un cuerpo,
amordazando el grito, congelando el ansia
sus simas secas, son nidos desiertos.
Fue amada por esos que no la comprendieron
en la declinación que acecha el egoísmo humano
Santa, mater dulcisísima, que alguna vez fuiste
vestida y desvestida por los hombres de la especie
blanca tu piel trasluce alba, como abedules
en los escarpados Urales del oriente.
Roja tu lengua derramada en los vasos de tabernas
allí, donde tu imagen inspiradora de trémula lujuria
motivó el pincel de Lautrec y de Picasso
Ellos no te comprendieron ¡ no!, solo te amaron,
te amaron como a la rosa, qué, cuando deja
de ser rosa, se convierte en polvo transparente
que el viento del tiempo esparce por el mundo
y olvidado en los confines, sucumbe a la muerte.
Pero ellos son
¡los que no comprenden!
más te amaron en los acordes de una letanía,
en la voz de aquel poeta que lloró en tu tumba
el triste epitafio, recitado como un ave maría,
sobre el mármol de prístina pureza.
Tu nombre inconcluso quedó grabado
en el canto inmemorial del macho cabrío,
alquimista del fuego, símbolo mágico,
que fundió a su placer el  frágil lirio de tu púbis
y quebró tu vientre para esculpir su nombre
solo para amarte a su antojo y olvidarte.  A.M.D.

A.M.D.