SOLO LAS PALABRAS QUE MERECEN EXISTIR, SON LAS PALABRAS MEJORES QUE EL SILENCIO.
jueves, 28 de julio de 2011
Sobre la brutalidad
Ser ignorante no es un pecado capital, la persona ignorante no sabe pero quiere aprender. Existe una gran diferencia entre ser ignorante y ser bruto, el bruto odia al que sabe, el bruto no quiere escuchar, el bruto responde con frases vacías de contenido a todo aquél que puede abrirle la cabeza, el bruto no tiene filosofía de vida, el bruto ofende porque al no tener instrucción ni manejo del lenguaje, solo puede responder a una ironía con una manera de hablar o de escribir cargada de animalidad (con perdón de los animales), el bruto no tiene creatividad, ni imaginación y sobre todas las cosas EL BRUTO repite lo que escucha porque no tiene ideas propias. ¿conclusiones? ¡muchas!...
Ana Danich
martes, 26 de julio de 2011
Vivir sin mi
Si pudiera lamer la lluvia
Que galopa sobre la ventana
Si pudiera mirar la espesura
De la noche
Con ojos que ya no ven
Si pudiera decir si; no; tal vez
Huir del vórtice de realidad
Que esculpe mi ser
Si pudiera levantarte
Duro metal que pesa en mis manos
Si pudiera traspasar el último peldaño
Si pudiera moldear “la angustia
Que arranca la vida”, Antonin
Si pudiera asirme de las manos
Que cortaron tu oreja, Vincent
Si pudiera dejar de doler
El dolor
Que lacera mi carne
Si pudiera amar o no amar
Sin importar el resultado
Si pudiera vaciar mis cuencas
En esta madrugada brutal
Sin lunas ni sentencias
Mientras la sangre fluye
Como un torrente hacia la nada
Si pudiera vivir sin mí.
Amd.
jueves, 21 de julio de 2011
lunes, 18 de julio de 2011
viernes, 1 de julio de 2011
TABACO
Consumirme. Penetrando el instante
en que el silencio ahogaba mi cuerpo.
Dibujarme. Recortada en la penumbra
de los espacios tumultuosos del pasado.
Paseantes de la intimidad que coronó
un tiempo de viajes juveniles,
y un tren que vagaba en las salinas,
blanca marea de reflejos ondulantes,
cuando era otra, otra mi silente tristeza,
otra, la llama que abrasaba el lento
transcurrir de las horas, en el sopor
de la aridez santiagueña, y las vías,
quejumbrosas, que acompañaban
el murmullo en ciernes de la tarde,
presa de la ansiedad que a ti me unía.
Convertida en tu esclava, en el deseo
del sabor, que quebró mi voluntad,
voluntarioso el afán de poseerme,
robándome el suspiro del aire,
que mecía los segundos a la espera
del latigazo ardiente, que fundía
mi cuerpo en el miedo por perderte.
Perderme era, el fin primero,
hundirme en tu cama sin sosiego
y verme consumida de impaciencia,
en la búsqueda anhelosa del amante
que seducía mis entrañas, poseyendo
las fibras sumisas de mi instinto,
laberinto de sangre que fluía
desde mi boca hasta la orilla
del éxtasis, ibas corrompiendo
la suavidad de mi piel, entregada
al placer de tu dominio. Dulce,
amante de mis noches impacientes. Cruel,
compañero de mis horas solitarias.
Embriagados, caminamos en la niebla,
que el poniente marchitaba, en los senderos
de las vidas que viví inútilmente.
¡Déjame!. Descorre el velo de muerte
que me asola, y quiebra la línea vertical
de mi cuerpo, ya viciado.
Libérame del deseo, amor amante,
¡ámame!, como nunca me has amado,
para dejar de ser quien soy, ¡déjame!.
Desteje las amarras que nos unen,
para ser sin ti, aquella que alguna vez,
en la inocencia primera, sin quebrantos,
logró mirar sin nieblas, los ocasos…
A.M.D.
Mujer que mira a una mujer que mira
Con el leve trazo de tu dedo
descorres las cortinas de mi sueño
tras la turbia empañadura del espejo
velado por el devenir del tiempo.
Desde donde miras
existe una distancia que se mide
por el aletear de un ave
entre nido y nido,
de un arrullo al otro
se extinguen lentamente
las notas del silencio.
Cada mañana
se enciende el día
entre dos ventanas
mientras
un esbozo de luz
ilumina las sonrisas,
augurando el asombro,
a las nueve en punto.
Para descubrirte
y descubrirnos,
conjeturarnos, en la intimidad
de la cotidianidad horaria
que nos menciona,
sin nombrarnos.
A.M.D
Esa, que nos habita
Poesía que quiebra, deshace, destrona,
emerge y sumerge en la imposibilidad de la palabra,
en el silencio que nos habita,
nombrando lo imposible...
emerge y sumerge en la imposibilidad de la palabra,
en el silencio que nos habita,
nombrando lo imposible...
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