Llegaron despacito.
Imperceptibles. Ellas son así, nunca piden permiso. Las de adentro, esas
llegaron mucho antes, pero como no se veían, las oculté restándole importancia.
No vaya a ser que alguien se diera cuenta que adentro todo se deformaba con esa
lentitud sin reloj que marca el devenir. Pero las otras, esas, las de afuera,
las que no podemos soportar porque dejan el rastro marcado como huella maldita
que el transcurrir del tiempo va socavando, esas, llegan y se apoderan de una,
a veces, ¿qué digo?, siempre se apoderan de una, emulan tropas maléficas que corrompen con su látigo
de fuego cada centímetro de lo que alguna vez fue inmaculado, lisura que se resiste al transcurso y queda atónita
frente a la inexorable realidad de los días, de los minutos con su tic tac tic
tac de agujas que resuenan como gota china disfrutando el placer de la tortura sobre la frente del condenado. Porque por allí
comenzaron a llegar. Ya perdí la cuenta del tiempo, pero sé que fue por ahí que
llegaron. Ellas siempre llegan por caminos que ni los niños pueden evitar, y es
así como van penetrando lentamente en la blanca tersura del inocente, en el preciso instante en que saben
que el recién nacido llora y marca con su llanto el surco que comienza a
delinearse y no puede defenderse de lo irrefrenable de la vida. Ellas son inteligentes, escogen el ángulo
exacto por dónde penetrar y así van cavando y abriendo. Cavan y abren hasta que
una descubre el surco por donde chorrea la gota salina que las nutre, y una se mira, y lo peor de todo es que una ¡se ve!, y ahí, cuando se ve, justamente en
ese instante que es parte y todo del descubrimiento, en ese momento de furia
incontrolable, cuando una grita frente al espejo y pasa sus dedos por la
hendidura y retrocede frente al horror de saber que ellas han ganado, mientras
una simplemente ha dejado pasar la vida
como si nada, como si ellas fueran fantasmas que solo invaden el cuerpo de los muertos y no el de los vivos
desde que comenzamos a nacer. Desolada comprendo que tampoco hubo testigos que
me susurraran al oído la frase certera
cual rata hedionda que rasga la piel hasta la profunda cueva de lo inevitable: ”Le
temps perdu n'est plus récupéré”
Ya sé. ¡Fuiste la
única que lo dijo!... Pero no te escuché...
SOLO LAS PALABRAS QUE MERECEN EXISTIR, SON LAS PALABRAS MEJORES QUE EL SILENCIO.
miércoles, 11 de julio de 2012
viernes, 6 de julio de 2012
CLASE MEDIA ALTA
Clase
media alta soy
lo
dice mi vasta prosapia
si no
fíjese en el árbol
que
plantaron los Saravia.
Me
crié entre los zarzales
de
los campos entrerrianos
siempre
mirando pa´l llano
que
ambicionó mi progenie
calculando
la extensión
y que
a fuerza de palenque
fueron
sumando a los planos
que
mis tíos dibujaron.
Cocinado
en horno del juez
se fue
engrosando la herencia
y
ahora que lo recuerdo
pienso
en la mano del diablo
que
con total lucidez
no
teniendo miedo alguno
disparó
lazo seguro
sobre
el ganado vacuno
que
pastoreaba el vecino
sin
siquiera conocer
de
las cabezas el número.
Y fue
así que mis ancestros
se
adentraron a estas tierras
a
fusta y mano siniestra
dándole
al gaucho con todo
total
que la sangre impía
nada
tiene que perder
la
civilidad es propiedad
de los
dueños de la tierra
y no
de los que alimentan
la
noche de la ignorancia
el
negro es negro si quiere
y el
mestizo se revienta
sumido
en la parquedad
de
sus raíces funestas.
A
consecuencia de esto
los
negociados llovieron
tanto
es así que mi abuelo
sin
preguntar para qué
se
dedicó a desmontar
lo
que alguna vez fue riqueza
del
poblador de estas tierras
y
ahora solo le queda
un
indio que se lamenta
en la
aridez de la estepa
que
jueces y leguleyos
con
consabida cometa
supieron
adjudicar
de
acuerdo a su conveniencia.
Y el
tiempo así fue pasando
en
los campos mal habidos
algunos improductivos
y
otros tantos malvendidos
por
hijos, nietos y bisnietos
que
de tanto andar el mundo
fueron
quedando en la lona
y
después de tanta joda
tuvieron
que trabajar
no
sin antes expresar
¡ay
mi dios! ¿de que se trata?
si ni
siquiera sabemos
como
suena esta palabra
Mi
madre que portaba digna
estirpe
de señora bian
no
tuvo mejor idea
que
casarse por amor
y
concebir hijas pobres
mal
elección la que hizo
teniendo
doble apellido
creer
que con amor se come
o
figura en los salones
de la
clase media alta
donde
siempre se movió.
Y fue
así que con razón
maldijo
su decisión
de
caer en tentación
por
un hombre sin prosapia
que
no aportaba a las arcas
mas
que dos hijas hambrientas
que
exigían a toda hora
regresar
a tiempos ha
cuando
la vida en los campos
o en
la city de los ricos
era
pura algarabía
y
nada de seriedad.
Mi
hermana intentó la triste
y
consabida elección
de
casarse sin amor
con
uno de esos que andan
ostentando
mano enguantada
empresario
for export
se le
dice entre comillas
tanto
es así que negocia
con
señores que en la iglesia
traman
oscuras prebendas
con
los poderes de turno
y en
esa bolsa de gatos
se
cuecen los entripados
de
dádivas y regalías
mientras
el cura desvía
la
mirada pa´ otro lado.
Yo
tengo que confesar
que
no tuve mucha suerte
agraciada
nunca fui
y
entre tanto discurrir
no
tuve mejor opción
que
pegarme un escritor
cuya
meta es publicar.
Hasta
que un día le dije:
¡
decídase a trabajar ¡
y él
muy campante me dijo:
-yo
no soy proletariado
el
trabajo es para esclavos
no tengo jefe ni amo
ni
mandamás ni patrón
no se
atreva a discutir
mi
soberana elección
sepa
usted que también yo
clase
media alta soy-.
ana danich
CIUDAD OSCURA
“Las
callecitas de …
Tienen ese
que sé yo” ¿viste?
Salís por Santa Fe, en
horario bancario
y los autómatas te dan
un guiño
atropellando
manoteando escapando
nadie te registra
sos un alma perdida en
la inmensidad
la ciudad te escupe la
ciudad te ignora
la ciudad
lastima.
Cientos
miles que pasan sin
verte ni encontrarse
la miseria de la
alienación
la ceguera del
egocentrismo
¡dale idiota! No ves
que la vieja tiene
que cruzar la calle?
Dale vieja, ¡dale!
¡Dale! ¿no ves los
autos arremetiendo
sin importarles la
edad, el no-vidente
el niño desprevenido,
el perro sin dueño?
¡Dale!. Que si te
apuras, llegarás primero
¿Dónde?. Ni siquiera
vos lo sabes,
Pero debes llegar,
todos tienen que llegar
llegar…llegar…, a
ninguna parte.
Busco la vereda
umbría,
Baldosas rotas
Contenedores/podredumbre
Carteles anunciando
¡se vende!, se vende
todo
se venden las putas de
mirada sombría
se vende el banquero,
se vende el joyero
se vende la paciencia,
por centímetros.
Ay de mí, no se como
llegar,
pisando baldosas
flojas,
pisando mierda humana:
de perros, de gatos,
de aves, de insectos,
de mendigos pernoctando
debajo del alero…
no se como llegar
voy a tres cuadras
nomás
que se convierten en
cien
voy con mi mochila de
agravios
voy con mi síndrome de tourette
¡hijo de puta mal
parido!
¿no ves a la
embarazada
que vende medias en la
esquina?
con los cuatro críos
que corren
mocosos y malolientes,
abriendo la mano
que no cerrarán jamás?
Que le vas a hacer
son negros de la villa
dice la señora del
cuartoA
mientras despliega sus
dedos
de mono enjoyado
apuntando hacia la
pobre mina
que se gana la vida
vendiendo medias
que no sirven para
nada,
y vos vieja de mierda
que no sabes ni como
se lava
un par de medias
¡que asco de vieja
morbosa!
¡que asco de
humanidad!
¿humanidad?, no señor,
gracias,
Humanidad era la de mi
Madre.
Esquivando voy,
esquivando.
Esquivando el
escupitajo maligno
del señor trajeado
que se cree dueño del
mundo
y dueño de la vereda
que todos pisamos,
esquivando voy, la
moto homicida
que cruza semáforos en
rojo
porque todos los hacen
¿viste?
Esquivando voy
esquivando la mala
suerte
de haber nacido acá,
de vivir
en una ciudad
contaminada
de vulgaridad y
egoísmo,
keselevaser,
las grandes ciudades
son hijas del espanto,
del maltrato,
del miedo al negro,
que seguro,
saca un arma y te caga
de un tiro,
dice la señora del
cuartoA.
¡Pobres negros!
Si ellos no saben
que el espanto está
en la mirada turbia de
algún funcionario,
ni siquiera entienden
por qué el comerciante
le paga al funcionario
para que lo corran de
un espacio público,
porque él cree que es
su espacio,
su propiedad privada,
su campito de soja mal
parida
y mal habida,
glifosato para los
idiotas…
¡Pobre negro!
Si vos que no naciste
acá,
en esta ciudad de
espectros,
no sabes como volver a
tu pueblo
de veranos apacibles
y árboles silvestres,
si vos fuiste
implantado
en este cementerio
agónico
que calienta tu casa,
en el sopor de la
humedad pampeana,
si vos ni siquiera tenés
derecho
a bañarte en la playa de arenas doradas,
¡eso no es para vos,
negro!
bañate en el arroyo
contaminado
o no te bañes, total
seee igual!
Ah, noche negra de
desconsuelo,
Ah, miserables hombres
que te habitan.
Pero hay que salir
hay que salir al día y
a la noche
hay que avanzar
hay que ser como ellos
no mirar
no escuchar
no importarte nada
nada
total, la nada está
ahí
esperándote en el
umbral
que te escupe a la
calle
para no seas
ni veas
ni vivas…!
Ana Danich 12 abril
2011
domingo, 24 de junio de 2012
Breve Crónica de un amor
Hace catorce años, tres
meses y quince días iba caminando por calle Mendoza y Alsina, cuando divisé en la esquina una jaula en la vidriera de una
veterinaria, me paré como siempre lo
hago cuando veo los perritos que expuestos miran con cara de soledad a los transeúntes
que pasan por el barrio. En la jaula había
dos perritas, una Terrier y una Cocker, la primera ladraba y golpeaba la jaula
con su característico ataque de histeria, saltaba dando brincos en el aire como
una marioneta, un resorte de pelo duro que atraía la atención de los chicos que
jugaban en la casa vecina, la otra, una orejuda, de melena azabache y antifaz
de payaso, estaba quietita, sentada sobre sus cuarto trasero, no hacía ningún aspaviento,
solo me miraba con ojos de un brillo
inusitado que fulguraban sobre el vidrio
de la ventana y un hocico ansioso que no
paraba de lamerse.
Entré para verla de
cerca, pasé la mano por el barrote de la jaula y la acaricié, de inmediato me miro
con sus ojos almendrados, los ojos más bellos que jamás vi en un perro, de
pronto, emitió un gemido y yo que soy
supersticiosa, pensé que era un mensaje dirigido personalmente a mí por quién
sabe qué designio del destino y a esa hora, en ese día que era un día más de
todos los que habitualmente transcurren sin dejar marca alguna en la vida de un
ser común, ese día, decidí que esa perrita formaría parte de mi mundo, y lo
hizo de tal manera, con tanto amor recíproco que aún hoy me sorprendo al pensar que pude amar tan profundamente a un
animal.
Esa tarde la fui a
buscar, ya estaba bañadita y con todas sus vacunas puestas, orgullosa salió a
la calle con su correa anaranjada, y de pronto me convertí en barrilete y ella
en un unicornio que me hizo volar por el aire, era tal la prisa que llevaba por
ser libre que las dos volábamos como si por un misterioso efecto de la física,
nos hubiésemos transformado en dos seres imaginarios que revivían después de
haber estado durmiendo un sueño de muchos años.
Y así pasó a ser mi
compañera, siempre dando vueltas alrededor mío, mirándome con sus tiernos
ojitos pedigüeños, siempre moviendo su rabito cuando me veía tomar la correa y
suspiraba hasta que yo le decía ¡vamos! y corcoveaba, daba giros ladrando o
gimiendo porque sabía que íbamos a pasear por la plaza donde ella olía todo lo
que encontraba y corría con los perros vagabundos, porque a ella le gustaban
esos, los que dormían debajo de los bancos del parque, llenos de pulgas y
malolientes, pero felices de libertad.
Desde que llegó a casa
se subió a la cama, era caprichosa y muy mimada por nosotros, hasta que llego
el día que decidió que mi marido no
podía entrar a la cama, yo era suya y no me quería compartir, ¡ay mi nena!, cómo
me hiciste reír cuando lo mordiste, nunca nos pudimos abrazar en tu presencia porque
vos enseguida te metías entre nuestras piernas y saltabas intentando
separarnos. Los que dicen que un perro no es como un hijo, vive en otro
planeta, ella hacía lo mismo que hacen los niños cuando se ponen celosos de sus
padres, y yo la dejaba, todo era para ella, porque era la reina de la casa.
Todas esas tardes de
verano que pasamos juntas en nuestra casa de Fúnes, cuando la nochecita caía sobre los pinos y el campo se convertía
en un manto de silencio, las dos nos acostábamos en el pasto para ver salir las
estrellas, siempre con tu cabecita sobre mis piernas mientras el cielo se iba
transformando en un mantel de constelaciones que brillaban sobre nuestros
cuerpos y yo te hablaba de los momentos vividos y vos me respondía moviendo tu
colita como un molino azucarero.
Catorce años y pico no
fueron suficientes. Pero no importa, fueron catorce años de upas sobre mis
piernas con tu lomo de algodón, fueron tus ronquidos sobre la almohada que no
me dejaban dormir, fueron tus cuchas rotas y yo amenazándote con que nunca mas
te compraría una nueva, fueron las mañanas de domingo en el parque y risas de
niños jugando con tus orejas y el pororó que me quitabas de las manos, fueron los paseos junto al río mirando pasar
los barcos de ultramar, yo fui tu
barrilete y vos fuiste mi unicornio, las dos volábamos juntas ¿alguien puede
entenderlo? Seguramente no, no lo entenderá el que no haya amado a su perro, o
a cualquier otro animalito que modifica nuestra vida y nos transforma
definitivamente en seres tocados por una varita mágica, porque eso sentimos
cuando amamos, no existe la soledad ni el miedo ni la muerte ni el dolor, nada
de eso existe, solo cuando amamos.
Ahora estás en tu
cuchita de tierra, debajo de los árboles por donde se cuelan las estrellas que
te darán consuelo y la mirada de mi amiga que como una frazadita a tu medida, entibiará
tu tumba.
Al fin y al cabo no
importa la muerte, lo que verdaderamente importa, es la trascendencia.
amd
viernes, 22 de junio de 2012
A DOLORES
Ha muerto un perro
¿Que importa? ¿ Si solo ha muerto un perro?
Es un perro más de todos los que mueren
en la penumbra de una ciudad de cemento.
¿Que importa? ¿ Si no fue tu compañero?
¿ni el cuenco se vació en tu casa?
¿ni a tu cama
la meció el viento?.
¿Qué más da? ¿Si
no fue tu compañero?
Y tú que andas de prisa por el mundo
viajando con tu avaro traje de afectos
tú que solo te miras en tu propio espejo
no comprendes el funeral de los otros
de los que lloran a su perro muerto.
Ha muerto el perro…¡ha muerto!
y tú solo te miras en tu propio espejo.
Vacío de
compasión ya no sabes dar consuelo…
“La noche es de
silencio, de silencio agujereada
pedacitos de
cielo lloran sus estrellas mas calladas
para ti una colita azabache,
para ti un ojo de ámbar
orejas largas de bruno y dos colmillos de
escarcha
y el rabo en un
incansable abanico de palabras”
Te lo recuerdo ahora para que no olvides al perro
que murió sin escuchar
la piedad de tu consuelo.
Nadie presente a la
hora en que mi perro ha muerto.
Nadie conocerá la hora que agonizó en el silencio.
Ay!¿ Quién cuidará de
mí en el funeral de mi perro?
En esta implacable noche, atravesada de
espectros.
amd
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

