SOLO LAS PALABRAS QUE MERECEN EXISTIR, SON LAS PALABRAS MEJORES QUE EL SILENCIO.

martes, 16 de septiembre de 2014

NO ES UN JUEGO

Tengo como amiga una soledad tan caprichosa
esta tarde se sentó en el marco de la ventana
emperrada me mira y pregunta en que cajón
escondí los instantes inolvidables de mi vida
es tan obstinada la memoria de esta soledad
sus dedos hurgan en rincones insospechados
esos que formaron parte de mi otra vida
-nunca aprendiste a seleccionar tus amistades-
alguna vez dijo mi madre que de eso sabía mucho
-todas son muchachas demasiado atrevidas- / entonces
le reclamo mansamente sus subrepticias interrupciones
en los fragmentos que quedaron de mí / restos
retorciéndose en alguna lumbre y otras yerbas
no quiero agraviarla y que decida encender una fogata
todos saben que ya no estoy para esos trotes
no puedo hacer otra cosa más que hablarle con dulzura
temo ofenderla y que por ese motivo decida emigrar
a otro cuerpo que no comprenda mi lenguaje
o que vaya por ahí contando quien sabe que verdades
por eso la protejo contra el viento de la tarde
quizás de alguna que otra oleada de mareas
no sabría que hacer sin sus arrebatos de locura
se siente tan confiada que hasta me guiña un ojo
cuando me sumerjo en los extremos del sueño
ella se pega a mi oído / como si fuera una almohada
masculla los recuerdos masticándolos entre dientes
me interpela cuando le recrimino su insistencia
me hubiese encantado saber elegir mis amistades
pero comprendí que para eso es demasiado tarde.


Ana Danich (de: Cuerpo de Piedra)






domingo, 7 de septiembre de 2014

A LAS CINCO EN PUNTO


hay mujeres que casualmente a esa hora
beben té con masitas y le cuentan a sus amigas
sobre las vicisitudes implacables del destino
otras  regresan como lagartos de escamas blancas
bajo las ardientes camas de un sol que se ocultó
muchas  con sus ojos poblados de paisajes
de cuerpos, de ríos y barcos transoceánicos
algunas que perdidas en sus camas huérfanas
contemplan la soledad en las paredes

(no es la mujer de mi vecino / por cierto
ella  se siente tan segura entre las  rejas)

posiblemente  sea la mujer de algún amigo
que toma un narcótico antes de la medianoche
de un viernes cuando sueña con la siesta
del sábado que la despertará a la vida

(claro, a todas les cuesta entrar a una ilusión)

todas se preguntan ¿qué hice? y después sonríen
y todas a esa hora sueñan que regresan de un encuentro
que no ha sido un forzado artificio cotidiano
en la obstinada tarde de un sábado cualquiera
que culmina entre sollozos a las cinco en punto.



Ana Danich  (de: Cuerpo de Piedra)



sábado, 30 de agosto de 2014

Afuera el viento

en todas las ventanas
aúlla el viento
son lobos que nos muerden
nos atraviesan

*
el viento
el árbol su esqueleto 
meciéndose en el gris
nocturna crisálida
su vestido rasgado
torna sol musical en la
rama que
se
quiebra

*
esqueleto quebrado
murmullo de viento y ramas
infinitamente polvoriento
los huesitos de un cajón
caen al río

*
cae un capullo de algodón
palo borracho de la orilla
caen huesolitamente melodiosos
los párpados
mi costilla y tu costilla
Ortizgozosamente en el río
que acaricia


*
árbol solo
ramas sin hojas
esqueleto en el viento
¿hay alguien ahí?
el hueso 
en su madriguera

*

incendiada la promesa de tu abrigo
árbol ardoroso de la espera
mejor enumero palomas
que frías piedras



Ana Danich (de: Contemplación)

compañero



Cuando te nombro
estás en el libro y en mí
pero te escondes


duele ser ángel
compañero.





ana Danich (de: Contemplación)

COSTILLARES



Con media costilla enyesada y con la otra media al horno. Con medio cerebro calcinado por las brasas de este invierno veraniego y el otro atropellado por un sin número de infinitas páginas de un libro que leyó a media luz de velas. Con un intento de sobrevivir por sobre las vivencias de un entorno asfixiante, sometida a los continuos paréntesis de esquivez absoluta, no los de Cósimo, sino los propios, porque la jaula tiene llave y de vez en cuando al monstruo que habita en las callejuelas laberínticas de su ser interior que aún pervive (aunque más de uno desearía que no fuera así...) se le ocurrió encerrar a la que nunca fue princesa aunque en un rapto de desenfrenada locura alguna vez alguien la nombro así. 
Con la incapacidad de articular palabras sabiendo que el no hacerlo es una forma de caída, aunque caer (ya lo sé, no me lo digan) de vez en cuando viene bien. 
Con varios días de reposo aunque no de responso entre las sábanas, única manera de erigir una armadura que sostenga los huesos de esa costilla locuaz (trac...trac...dale que te dale todo el santo día)  y sus espasmos involuntarios. 
Con todo eso...¡voluntad...voluntad! escuchó gritar a coro a las neuronas mientras se aferraban a los barrotes de esa cárcel parecida a una iglesia en ruinas en donde el monstruo encerró por unos días a la princesa que no era tal aunque alguna vez alguien se atrevió a nombrarla así y ella, como el bicho esquivo que es, mitad artrópodo sin esqueletura, mitad dama de la  noche en pantuflas algodoneras, un tanto simia haplorrina, un tanto gataturra de andariveles y desfiladeros, se lo tomo en serio con los reconstituyentes y las palabras, y, tragos más, tragos menos, se irguió y a viva voz gritó: ¡Levantate y anda! 
Y anduvo. Por los siglos de los siglos.

Todos saben el final. Obvio.


Ana Danich

Estrellita

el cielo embriagado de estrellas
sonríe
manto de luces rozan mi mirada
estrellita estrellita
sonríeme
la noche se avecina
la soledad palpita
no te apagues estrellita
sonríeme

*
estrellita
dame tu llama de oro
llámame esta noceh
lláma - me - llama

*
rasgo el cielo 
para encontrarte
estrellita

*
nadie estrellita
nadie que quiera robarte
te robo estrellita
mía tu llama
no me abandones
tu llama dame

*

hilvano estrellas
cristales fragmentados
¿me abandonas?
centella efímera



Ana Danich 

jueves, 7 de agosto de 2014

A UN ANDALUZ

Porque te vi y de repente
mi pulso firme tembló
con mis caricias salvajes
rozando tu cabellera
mis manos tornaste alas
y mis ojos candilejas
que por saber que existías
en ese pueblo de aldabas
que la magia trasnochaba
en tu felina mirada
te acaricié la cabeza 
como si fueras un niño
Ay! lo eras y tan dulce
que una abeja se posó
sobre tus labios de mozo.

En tus pestañas brillaban
todas las luces del día
mas cuando quise tocarlas
espléndida apareció
tu mujé con palma bravía
toda de sombra vestida
toda de rojos su boca
toda de bríos su lengua
que por ser yo argentina
bajo la luna de España
me dije: -huye de aquí a tu tierra-
y urgente aprende la historia
de la sangre que corre presa
por las venas de Andalucía

y olé.

Ana Danich





Fotografía: Juliana Villate (Colombia)